Es posible que a lo largo de la vida nos encontremos con situaciones difíciles en las que nos hemos visto con problemas de liquidez y, a veces por reparo, otras por falta de opciones, no parece haber una salida fácil. Afortunadamente, los préstamos de capital privado se presentan como una opción fiable y eficaz para estos casos, sobre todo para aquellos en los que la rapidez es un factor clave.

Cada vez nuestras finanzas personales son más complejas y requieren de un mayor esfuerzo por nuestra parte para vigilarlas: en gran medida, nuestra pequeña economía recae en créditos, mensualidades, planes de ahorro, facturas, deudas… que no siempre se pueden predecir céntimo a céntimo.

Puede ser en estos casos en los que nuestro plan de contingencia no sea suficiente o, directamente, no exista, que una falta de solvencia pueda resultar un problema grave, ya que hay situaciones en las que los pagos no pueden esperar.

Para estos momentos delicados, los préstamos de capital privado son una solución competitiva, seria y razonable frente a la escasez de liquidez y la necesidad de asistencia inmediata.

¿Cómo funcionan los préstamos de capital privado?

Los préstamos de capital privado  encuentran a sus principales acreedores en individuos que ponen su capital a disposición del prestatario, aceptando como garantía de pago un activo que, normalmente, suele ser un inmueble.

Debido al origen privado del capital, estos préstamos funcionan de forma diferente a los bancos convencionales, con unas características propias que pueden resultar ventajosas en casos especiales. Por ello, los préstamos de capital privado son una opción de valor para aquellas situaciones económicas de cierta delicadeza.

¿Se puede pedir un préstamo en un momento personal complicado?

Los bancos convencionales, y sobre todo a raíz de la crisis de crédito, establecen unas duras restricciones por ley que hacen difícil la obtención de un préstamo. En el caso de capital privado, la ley establece otros parámetros que facilitan una solución financiera a personas que están en una situación complicada.

Estas son algunas de las más comunes.

Sin nómina ni aval

Es bastante frecuente encontrarse en momentos en los que no podamos justificar ingresos. Trabajos temporales, ingresos con una importante estacionalidad, un desajuste económico durante el paro, o la naturaleza del trabajo autónomo son algunos de los casos en los que presentar una nómina puede ser misión imposible.

Lo mismo ocurre con el aval: si no contamos con una tercera persona que pueda hacerse cargo de la garantía de pago de nuestra obligación de deuda, el banco nos cerrará la puerta a la hora de solicitar asistencia. Con estas características, lo más probable es que una entidad bancaria tradicional nos deniegue un crédito.

No obstante,  las entidades de capital privado sí pueden responder ante este tipo de situaciones de manera eficaz, accesible y rápida. De esta forma, podremos hacer frente a los vencimientos de nuestras facturas en un momento de urgencia, sin tener que lamentar que un bache económico se convierta en una espiral interminable de deudas.

Para ello, lo ideal es buscar una solución financiera que nos dé, además, facilidades en el pago, adaptándolo a nuestras circunstancias y acomodando el sistema de cuotas a nuestras posibilidades.

ASNEF y RAI

Los registros de morosos son el primer lugar al que acudirán los bancos para comprobar cómo es nuestro historial crediticio. ASNEF (Asociación Nacional de Establecimientos Financieros) o RAI (Registro de Aceptaciones Impagadas) son algunos de estos ficheros, pero no son los únicos.  Existen unos 120 ficheros.

Para que aparezcamos en sus listas, se han de dar los siguientes supuestos:

-La existencia de una deuda vencida que haya sido impagada, sobre la que no haya dudas en cuestiones como su origen o cantidad.

-Un requerimiento de pago, con carácter previo a la deuda.

-La deuda debe tener, al menos 4 meses de antigüedad.

-Que ningún documento pueda probar que la deuda no existe.

Si tenemos alguna deuda pendiente, se dan estas condiciones y nuestro nombre o el de nuestra empresa figura entre sus ficheros, tendremos serios problemas para obtener una solución financiera desde nuestro banco. Y es que es poco probable que nos concedan un préstamo con ASNEF.

Por ello, lo más recomendable será que solicitemos un préstamo rápido, incluso con ASNEF y RAI, que nos permita saldar nuestra deuda con la entidad que nos la reclama y así poder solicitar nuestra baja en la lista de morosos. De esta forma, nos aseguraremos de limpiar nuestro historial y de evitarnos problemas con futuras empresas que contratemos y que tengan acceso a estos ficheros.

Al mismo tiempo, vamos devolviendo el préstamo privado poco a poco, en cómodas cuotas que habremos elegido con la ayuda de un asesor tras un estudio en profundidad de nuestro caso.

Sin llegar a fin de mes

Todo el mundo pasa por una mala racha, pero ¿qué hacer si ésta se prolonga demasiado en el tiempo? No es raro verse alguna vez en una dinámica de gastos y deudas en la que vemos nuestro salario volatilizarse entre pagos y recibos pendientes, incluso antes de haber cruzado el ecuador del mes.

Además, y gracias al peso que le damos a las compras bajo crédito, es posible que no siempre calculemos el alcance de nuestra economía doméstica al milímetro. Así, cualquier contratiempo, por mínimo que sea, puede hacer derrumbarse nuestras cuentas.

También puede ocurrir que una multa, o lo que es peor, el impago de la misma y el consecuente embargo de la nómina, nos lleve a una situación indeseada.

En este tipo de casos, es posible que la entidad bancaria no nos considere solventes como para afrontar un crédito que nos permita desviarnos de esta dinámica.

No obstante, los créditos de capital privado nos permitirán responder de manera eficiente ante nuestras deudas, refinanciando nuestra situación, reunificando los pagos y descongestionando nuestras cuotas. Así, viviremos más holgados mes a mes y podremos salir del difícil momento económico por el que estamos pasando.

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Miguel Garvía

CEO & Partner
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